OSLO, Noruega.- En los cuerpos ya sin vida, en el recuerdo del aullido de las bombas, en el shock de las corridas avivadas por el pánico. En todo eso se sintetiza el terror que Noruega vive desde ayer, cuando un explosivo estalló en la sede gubernamental y, más tarde, un hombre disfrazado de policás produjo una matanza en un campamento para jóvenes. El tucumano Miguel Ardiles lo vivió desde muy cerca, ya que reside en Mandal, al sur de ese país. El médico concedió una entrevista a LA GACETA en la que aseguró que el ataque alteró "el alma de los noruegos".
- ¿Cómo ha sido la primera reacción ante los atentados?
- Todo Noruega está conmocionada por estos hechos. Es algo totalmente increíble. Primero lo de la bomba en los edificios gubernamentales en Oslo, que instaló el caos. Toda la tranquilidad de la zona se transformó en un campo de guerra en unos segundos, la onda expansiva destrozó cientos de ventanas de los edificios cercanos, había columnas de humo, y las imágenes por TV mostraban a la gente en shock, corridas y pánico por todos lados. Noruega es un país pacífico y no está acostumbrado a este tipo de violencia. Pasaron dos cosas, la bomba y la tragedia en la isla, donde el Partido Laboral suele tener campamentos para jóvenes; a ese campamento fue este individuo y masacró a los jóvenes.
- ¿Qué consejos e instrucciones han dado las autoridades?
- Que la gente abandone el centro, que se quede en casa.
- ¿Creyó que esto podía pasar en Noruega?
- Nadie se lo imaginó. Bueno, Noruega está en el tratado de la OTAN y, por ende, tiene sus compromisos de prestar colaboración en los países de conflicto. Participa especialmente en la mantenimiento del orden y en brindar ayuda humanitaria.
- ¿Qué cambia para los noruegos a partir de ahora? ¿Y para el mundo?
- Naturalmente esto influye en el alma de los noruegos, pero acá se tiene una tradición muy fuerte de paz y orden, de diálogo y respeto por la humanidad, además de la fuerte conducta de solidaridad que el país siempre ha mostrado
hacia el mundo. No creo que esos valores varíen, al contrario, se insta a que todos nos unamos, a que mostremos el dolor por los que sufrieron tanta pérdida.
- ¿Cómo están viviendo esto su familia y sus vecinos?
- Nosotros vivimos en Mandal, a 450 kilómetros al sur de Oslo, una ciudad de playas y típica de verano, pero en un país como Noruega un acto de violencia como este conmocionó a todos. LA GACETA ©